Hospital Comarcal de Huércal-Overa. Almería

Varios son los motivos que me llevan a escribir sobre el Hospital Comarcal de Huércal-Overa, edificio que presta servicio desde 1999 y que pude visitar y transitar en mi último viaje a Almería. Por un lado, este hospital tiene una componente simbólica potente para Planho, ya que por un cúmulo de circunstancias entonces no previsibles, acabó siendo su germen. Por otro lado, me resultan muy interesantes tanto su arquitectura como el contexto social y legislativo en el que se gestó, coincidentes con la fecha de mi nacimiento. Este edificio se inserta en un contexto geográfico particular, el levante del levante, donde el viento sopla fuerte y casi todos los días del año hay sol; y también en un contexto temporal singular, en el cual los hospitales empiezan a pensarse como edificios representativos de lo colectivo, que con la insignia del Movimiento Moderno podían representar los valores inherentes al incipiente Sistema Nacional de Salud.

La Ley General de Sanidad de abril de 1986 es la ley más importante de la historia reciente de España en materia de Sanidad. Trajo consigo la descentralización de la asistencia sanitaria y la transferencia a las comunidades autónomas, dando a los arquitectos la oportunidad de crear una nueva línea de acción cuya arquitectura se alejara de la imagen totémica y fría de los hospitales tradicionales. Bajo esta ley, el sistema se organizó en dos escalones: el gran hospital y el comarcal. Los primeros proyectos tras las transferencias de sanidad a las CCAA fueron el Hospital General de Huelva así como los Comarcales de Marbella, Osuna, Antequera y El Ejido. A excepción del caso de Huelva de Alfonso Casares, paradigma del modelo horizontal y matricial, el resto de la producción arquitectónica no logró desprenderse de la herencia tradicional. Aunque estos edificios respondían funcionalmente a los nuevos programas asistenciales, permanecían formalmente anclados en tipologías tradicionales y centrípetas. El Hospital Comarcal de Huércal-Overa se presentaba como una oportunidad para aplicar nuevas lecciones en un momento de gran efervescencia creativa por parte de arquitectos y gestores.

En 1990, Emiliano Rodriguez, futuro socio fundador de Planho, accede a la dirección del Servicio de Infraestructuras del Servicio Andaluz de Salud. Pronto se interesó por la obra de Alfonso Casares y quedó especialmente emocionado por la claridad conceptual, el orden funcional y la arquitectura del Hospital de Huelva. Cuando le pregunté sobre el origen del proyecto de Huércal-Overa me dijo: “Estaba claramente convencido de la necesidad de innovar, de una nueva arquitectura que respondiera a la nueva sanidad, con una mezcla de audacia, entusiasmo, cierta temeridad propia de la juventud y no poco sacrificio. Con todo, emprendí la tarea de diseñar el hospital desde dentro de la administración. Una vez planteados los conceptos y esquemas del nuevo hospital, con un claro esquema horizontal y una conexión tan frugal en lo arquitectónico como contundente en lo funcional y analizando la ingente tarea y escasos medios disponibles, busqué ayuda externa para concretar el proyecto básico.”

Ese momento, 1991, marcó el encuentro con el entonces jovencísimo arquitecto Enrique Vallecillos, seleccionado para desarrollar la asistencia técnica y, sobre todo, la logística necesaria, ya que su formación previa como parte del equipo de digitalización de la Expo 92 le hacía ser uno de los primeros arquitectos capaces de manejar los primigenios softwares de dibujo. La empresa adjudicataria para la obra fue OHL y los arquitectos encargados de la dirección facultativa fueron Tomás Rosa y Nicolás Cermeño.

El Hospital Comarcal de la Inmaculada, bautizado así por esa ya casi extinta manía de nombrar a los hospitales con advocaciones marianas (el fervor a «La Purísima» Inmaculada es extremadamente fuerte en el Levante) está cartesianamente orientado este-oeste y tiene una superficie construida aproximada de unos 41.000 m² repartidos en dos bloque separados por una calle y conectados por dos pasarelas. Presta asistencia a una población de 111.000 habitantes y cuenta con un equipo de más de 500 trabajadores.

El planteamiento es deliberadamente radical e inspirado en los proyectos del Hospital de la Seguridad Social de Melilla, de principios de los años 90, firmado por los arquitectos Alfonso Casares y Reinaldo Ruiz-Yébenes. En este edificio se empieza a hacer patente un cambio hacia una arquitectura hospitalaria con soluciones más compactas, bajas y extensas en la que la escala no se impone a la del usuario y en la que se diferencian claramente dos partes: el hospital de las camas (la parte hotelera) y el hospital de los dispositivos médicos (la máquina de curar). Este argumento es el origen del proyecto de Huércal-Overa al establecer categóricamente esos bloques separados. Se piensa así el hospital como contenedor de otras áreas que, de por sí, tienen su propia estructura y organización, estableciendo una jerarquía funcional basada en un sistema de flujos y relaciones entre ellas y no en una trama estructural. El nuevo axioma habla de entender cada una de las unidades funcionales como un proyecto independiente con la condición de que a su vez forme parte de un todo.

Un primer paso para el encaje de las distintas áreas que componen el Hospital fue precisamente, y así se enfocó en el Anteproyecto, la definición última de todos y cada uno de los Servicios Hospitalarios, fijando programas de uso, dependencias, etc., y a partir de esto las interrelaciones entre todas estas unidades. Ello generó el establecimiento de una circulación general básica por cada planta en forma de anillo cerrado que liga la parte hospitalaria con la de tratamiento y diagnóstico y a su vez su relación con los núcleos verticales de comunicación. (Servicio Andaluz de Salud, 1993, p. 15)

Más allá de las consideraciones funcionales, la fuerza del proyecto está en su idea de calle y cómo la simbología de lo colectivo cristaliza y trasciende los límites de la utilidad. La idea de un nuevo sistema de salud público y universal se conceptualiza en este eje que separa y une y que pone al usuario en una escala y en un contexto reconocible y que le pertenece: la calle es de todos y la sanidad ahora también. El hospital respira y se refuerza la idea de que la escala urbana está lógicamente ligada al planteamiento original de un edificio público de esta entidad.

Fue muy grato comprobar como el hospital permanece intacto y no adolece de crecimientos tumorales ni añadidos, lo que da cuenta de que la mesura y la articulación en sus principios eran las idóneas. Este edificio se entiende bien porque su lenguaje es sencillo y directo: solo tres materiales lo recubren, sobre los cuales el tiempo parece no haber hecho estragos. La fachada es una combinación entre el mármol amarillo de macael, piedra autóctona de la zona de Almería, y el ladrillo visto. La transparencia de los paños vidrio actúa como contrapeso a la solidez de estos cerramientos opacos, a la vez que ofrece un diálogo a tres entre materialidades vernácula – piedra, tradicional – ladrillo y tecnológica – muro cortina de vidrio.

Las pasarelas que atraviesan la calle y conectan los dos hospitales rompen también con la  masividad de la fachada. Son dos amplios espacios de tránsito en los que aparentemente no pasa nada pero que se me antojan como dos escaparates que tienen vistas a la Sierra de Almagro y que, con su orientación este-oeste, testifican solemnemente la luz de la aurora y la de poniente, que se cuelan hasta el interior de la misma manera que lo hacen por las numerosas aperturas cenitales que existen en el edificio. Hay mucho de Alvaro Siza en estos gestos; en la intención de desdibujar los límites entre el techo y de llevar luz al interior del hospital, subvirtiendo la oscuridad arrastrada en esta tipología. Con el tiempo he adquirido la manía inconsciente de buscar estos rincones de luz en los hospitales como refugios donde reconfortarse.

Sobre el autor:

Ilda Rodriguez Martinez Arquitecta en Planho. Arquitecta por la ETSA de Sevilla en 2011 y Máster en Ingeniería y Gestión de Infraestructuras Hospitalarias por la Universidad de Málaga en 2017, forma parte de Planho desde 2016 y ha participado en el desarrollo de grandes proyectos hospitalarios, especializándose en la integración de criterios técnicos y de humanización.

Fuentes y lecturas recomendadas:

  • AV Monografías. (1994). Salud Nacional (N.º 49). Arquitectura Viva.
  • Consejería de Salud. (1993). Hospital de Huércal-Overa. Junta de Andalucía.
  • El hospital como arquitectura moderna. (1984). Arquitectura. Colegio Oficial Arquitectos de Madrid.