Los factores básicos en el diseño de un hospital hoy abarcan aspectos tan diversos como la polivalencia, flexibilidad, eficiencia funcional, complejidad de sus instalaciones, mantenimiento, equilibrio económico, el ámbito del usuario, el profesional… y en relación al compromiso con el medio ambiente, se le exige que sea un edificio sostenible y, por supuesto, un edificio saludable. Sin lo segundo, poco importa lo primero (y todo lo demás).
El término sostenibilidad en un hospital no puede ser más amplio. Desde el punto de vista medioambiental, estos edificios son unos grandes consumidores de energía y generadores de residuos, pero desde el punto de vista organizativo, son edificios de muy alta complejidad que buscan la eficiencia de todos sus procesos operacionales. El papel de la arquitectura y la ingeniería es determinante en ambos casos. En el primero, la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) llega a afirmar que más del 80% de su carga medioambiental se define en la fase de diseño. En el segundo, más difícil de cuantificar, solo podemos decir que existe una relación directa entre organización física y capacidad de perdurar.
Ciclo de vida: pensar, hacer, usar
El proyecto de un hospital tiene un ciclo de vida muy complejo, desde que se planifican hasta que se operan, intervienen muchos agentes, existen interferencias, conflictos de intereses, económicos, pasa un largo periodo de tiempo… lo que somete el proceso a tales tensiones que relega en un segundo plano todo lo que tiene que ver con su futuro a largo plazo: gasto energético y costes de mantenimiento. En cada etapa se toman decisiones que tienen que ver con su comportamiento energético y quizás, la etapa en la que participamos los arquitectos e ingenieros no es en la que se adoptan las mayores decisiones (ese 80% que comentábamos puede llegar a ser excesivo). Existe una etapa previa, en la que se planifica, donde ya se establece que tamaño tendrá el hospital y una etapa posterior, donde se explota, donde se define la intensidad de uso que va a tener el edificio. En ambos extremos hay ejemplos de actuaciones comedidas y desmesuradas en relación al gasto energético.
Pensar→ Planificar
Aún hoy está presente cuando hace 20 años se hablaba de hospitales kilométricos, aquellos que se construyeron después de las transferencias del INSALUD a las comunidades autónomas. En ese momento, los hospitales se convirtieron en objeto de deseo político y a partir de 2002 en adelante se hicieron 15 grandes hospitales de entre 700-1000 camas, con una inversión aproximada de 3.000 millones de euros. Resulta curioso ver como en los comités de seguimiento de estos programas funcionales aparecían distintos agentes que iban desplazando a los profesionales de la planificación, que son los que calculan la demanda, cartera de servicio, modelo y proyección del hospital y de la cual se extrae una dimensión cierta.
Quizás el ejemplo más conocido sea el Hospital de Toledo, un proyecto que ha sido calificado por todos los profesionales como faraónico, con una superficie construida de 360.000 m2 para una población de 430.000 habitantes, con una tasa de crecimiento prácticamente nula en los próximos veinte años (sirva como dato anecdótico que la parcela del Hospital de Toledo es tan larga como el propio centro urbano de la ciudad). En el otro extremo, nos encontramos con un hospital comarcal de 132 camas y 45.000 m2, el Hospital Universitario del Sureste en Arganda del Rey (Madrid) o bien con hospitales que tienen el mismo programa funcional y uno es un 80% mayor que el otro.
La sostenibilidad está tan alejada de esto que resulta cínico hablar de energía cuando se está tan desmadrados de superficie.
Pensar→ Crecimiento
Un hospital es un edificio complejo al que le aguarda una larga vida. Lo primero está asumido mientras que lo segundo se pasa a menudo por alto. Entendemos que es muy difícil preconizar como va a ser el hospital del futuro, que es precisamente el hospital que estamos diseñando hoy en día, sin embargo ante esta incertidumbre, las únicas recetas válidas que aseguren la utilidad de nuestros proyectos a lo largo del tiempo es concebir espacios flexibles, modulares, cambiantes, ampliables … que son las mismas que aseguran gran parte de la eficiencia energética del edificio, la escalabilidad, lo que permite ampliar su ciclo de vida.
Un hospital es un organismo vivo, en constante cambio, la tecnología o técnicas de hoy en día nada tendrán que ver con las de la próxima década. Es una tendencia clara la disminución del número de camas y el aumento de las áreas diagnósticas, especialmente las más tecnológicas, o quizás ya hemos alcanzado el pico de crecimiento de esas áreas y lo que suceda en los próximos años tenga más que ver con su transformación para adaptarse a los nuevos equipos. Esto es lo que hace que los hospitales sean los edificios con mayor capacidad de amortización, si se evalúan aplicando la metodología de ciclo de vida se llega rápido a la conclusión que son edificios de una alta sostenibilidad, porque perduran, se adaptan y se usan intensivamente. Los objetos menos sostenibles no son aquellos que emplean un alto consumo energético en su funcionamiento, sino aquellos que se infrautilizan.
Pensar → Diseño pasivo y respuesta al contexto climático
La reducción de la demanda energética a través del diseño —antes de recurrir a sistemas activos eficientes o a la generación renovable— es la estrategia con mejor relación entre impacto y coste a lo largo del ciclo de vida del edificio, al evaluar el desempeño energético: primero reducir la demanda, después ser eficiente, por último, compensar con renovables. En un hospital, esta secuencia se decide casi por completo en la fase de anteproyecto, donde se fijan la volumetría, la orientación, la compacidad y la relación entre superficie de envolvente y volumen construido — variables que, una vez iniciada la obra, ya no pueden corregirse sin un coste elevado.
La arquitectura bioclimática aplicada a un hospital no puede trasladarse sin matices desde otras tipologías edificatorias. El edificio funciona en continuo (24/7/365), concentra cargas internas muy altas por equipamiento electromédico e iluminación, y una parte de sus espacios está sometida a requisitos de ventilación, presión diferencial y control de infecciones —quirófanos, UCI, aislamiento, salas blancas— que impiden la ventilación natural y limitan el margen de maniobra pasivo; estos requisitos deben verificarse en la normativa técnica hospitalaria vigente antes de plantear cualquier estrategia. En las áreas no críticas —consultas, administración, zonas de espera, circulaciones, zonas de personal, cafetería— el margen para el diseño pasivo es, en cambio, amplio y con frecuencia insuficientemente explotado.
Entre las estrategias con mayor recorrido en un hospital, siempre supeditadas a la zona climática del emplazamiento y a un estudio específico de soleamiento y viento, destacan:
- Compacidad y factor de forma: Minimizar la relación superficie de envolvente/volumen en los bloques de hospitalización, sin comprometer la flexibilidad y capacidad de crecimiento tratadas en el apartado anterior.
- Orientación y control solar: Orientar las habitaciones de hospitalización evitando fachadas este/oeste sin protección solar, y dimensionar aleros, lamas o parasoles en función de la latitud y la orientación real del proyecto, no de soluciones tipo.
- Envolvente: aislamiento y control del puente térmico por encima de los mínimos normativos, con acristalamiento cuyo factor solar y transmitancia se ajusten a cada orientación, en lugar de un paquete de fachada único para todo el edificio.
- Luz natural: patios, atrios y lucernarios en zonas no críticas para reducir el consumo de iluminación artificial y reforzar los beneficios de confort y bienestar, con control del deslumbramiento y del sobrecalentamiento asociado.
- Inercia térmica y ventilación nocturna: valorables en climas con oscilación térmica diurna relevante, y únicamente en espacios sin restricción de ventilación natural por control de infecciones.
- Vegetación y microclima exterior: arbolado y sombra en fachadas y accesos, y cubiertas o superficies de alta reflectancia que reduzcan el efecto isla de calor y la carga solar sobre la envolvente, especialmente relevante en climas mediterráneos.
- Relación con la parcela y el trazado urbano: aprovechar los vientos dominantes para la ventilación natural de patios y zonas exteriores de personal y visitantes, y orientar la implantación en parcela — muy condicionada, como se ha visto, por el tamaño y la forma del solar.
Estas estrategias no sustituyen al balance energético justificado ni a la simulación exigida por el CTE, pero sí condicionan de forma decisiva el punto de partida de ese balance: un edificio bien orientado y compacto necesita instalaciones más “pequeñas”, y unas instalaciones más “pequeñas” son, a su vez, más fáciles de mantener y de sustituir a lo largo del ciclo de vida del hospital — enlazando así con el argumento de perdurabilidad planteado al inicio de este artículo.
Hacer → ciclo de vida
Cuando nos referimos a que las parcelas de los hospitales deben posibilitar el crecimiento de los mismos porque es una forma de alargar su ciclo de vida, también la estructura interna con que se proyectan ayuda a que sea más fácil asumir las modificaciones que con toda seguridad tendrán lugar.
Los hospitales han de ser anónimos, y con la máxima versatilidad. En este sentido la estructura y las instalaciones juegan un papel determinante, ninguna de las dos deben convertirse en obstáculo para futuras modificaciones. Reutilizar sea quizás la mejor forma de contribuir al desarrollo sostenible. Reutilizar supone alargar la vida útil de los edificios sin ningún proceso que implique un elevado gasto de energía de por medio. Es una alternativa razonable en tiempos donde el “derroche constructivo” ha dado paso a una mayor eficiencia y uso de los elementos construidos.
Hacer → la construcción
En el sector residencial, hasta hace poco, aproximadamente el 80% del CO2 emitido por los edificios estaba asociado a la energía consumida en la fase de uso, mientras que el 20% correspondía a la energía embebida. Con el incremento de la eficiencia energética en la fase de uso, estos números se están aproximando. Es difícil encontrar estos valores referidos a hospitales, sin embargo, una estimación rápida de la huella de carbono y energía embebida de un hospital en construcción (Ejemplo: el Hospital de la Línea de la Concepción, Cádiz), nos arroja un valor de 46.000 ton/CO2 total y de 16.300 MJ/m2.Teniendo en cuenta que el Hospital es clase energética B, con emisiones de 8.000 toneladas CO2/año, considerando un ciclo de vida amplio de 40 años, el porcentaje de emisiones de CO2 por motivo de la construcción alcanzaría el 14% del correspondiente al uso.
Para poder visualizar mejor estos datos tan intangibles y escurridizos, vamos a compararlo con la superficie forestal necesaria para fijar todas esas emisiones de CO2. Según los datos del Inventario Andaluz de sumideros de dióxido de carbono (https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal/web/cambio-climatico/mitigacion/sumideros/inventario-andaluz-sumideros-dioxido-carbono), y haciendo un cálculo rápido entre los incrementos de CO2 fijado y la superficie de monte forestal, nos arroja un valor aproximado de 2.87 TCO2/año, lo que implica, que para fijar el carbono resultante de la construcción necesitaríamos un equivalente a 16.092 Ha (área forestal de radio 7.15 Km.) que fijarían ese CO2 en el periodo de 1 año, mientras que sería necesarias 2.800 Ha (área de radio 3 Km) para fijar el CO2 anual correspondiente al uso, considerando que el área forestal cuando alcanza la madurez, reduce notablemente la fijación de CO2, equilibrando prácticamente el CO2 fijado mediante fotosíntesis con la respiración.
O lo que es lo mismo, al día, el Hospital de La Línea genera 22,11 ton co2, mientras que un vuelo desde Granada a Amsterdam (A320, 150 pax, solo ida, 2.5 horas), alcanza las 25,17 Ton CO2.
Si entramos en detalle los sistemas constructivos que más emisiones de CO2 generan, vemos que el 54% corresponde con la estructura, el 19% con las instalaciones, el 12% con la envolvente y el 15% otros.
Hacer→ Enfoque paciente
Antes hemos hablado de un hospital saludable. Creemos en el poder de la arquitectura como instrumento de cura, no como elemento pasivo, aquello que postulaba Florence Nightingale, que el principal requisito de un hospital es no causar más daño a sus pacientes. Uno de los avances más importantes de la medicina moderna es el reconocimiento de un vínculo entre el sistema nervioso y el inmunológico. Así, las emociones negativas, y el estrés afectan al sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable, y las emociones positivas ayudan a soportar una enfermedad y favorecer la recuperación del paciente.
Un ambiente hospitalario bien diseñado no solo hace más confortable la estancia del paciente, sino que influye en su salud y bienestar, reduciendo el tiempo de recuperación y con ello los costes de atención médica. El lugar de permanencia de los enfermos complementa la terapia médica. Existe actualmente, principalmente en el mundo anglosajón, una tendencia denominada Diseño Basado en la Evidencia (EBD, Evidence-Based Design) que busca potenciar el impacto positivo del entorno sanitario en la salud, bienestar y seguridad del paciente y profesionales. Esta línea de trabajo debe desarrollarse para buscar posibles sinergias o incompatibilidades con los que podríamos llamar eco-diseño. La luz, la vegetación y el contacto con el aire exterior son ya elementos indiscutiblemente indispensables para cualquier edificio.
Uso: La sostenibilidad no nace, se hace.
Las medidas de eficiencia energética siguen la ley de rendimientos decrecientes, el primer 10% es fácil de conseguir, el siguiente 10% cuesta más alcanzarlo y los recursos para alcanzar un 10% más son enormes. Está demostrado que “aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo lo que provoca un incremento del consumo global”. Este concepto fue acuñado dentro de la denominada paradoja de Jevons, formulada a mediados del siglo XIX. (Paradoja de Jevons, economista inglés del siglo XIX, ya advirtió en 1865 que el aumento de la eficiencia energética conduce a un mayor, y no menor, consumo de energía.)
En este escenario pesimista, la palabra EFICIENCIA hay que escribirla con mayúsculas, puesto que es un primer paso hacia el cambio de mentalidad, de malos hábitos y vicios socialmente aceptados y adquiridos paulatinamente en el último siglo y que vamos camino de cambiar.
Este cambio de mentalidad es, precisamente, el objetivo de los sistemas de certificación ambiental como BREEAM o VERDE: no premian el dato aislado de eficiencia, sino la evidencia trazable de que el diseño, la construcción y la operación del hospital reducen su huella a lo largo de todo su ciclo de vida. Incorporar esta lógica desde las fases tempranas de planificación —tamaño, flexibilidad, elección de sistemas constructivos— es lo que permite convertir un compromiso genérico con la sostenibilidad en un edificio sanitario evaluable, verificable y, en última instancia, saludable para pacientes y profesionales.
Sobre los autores:
Manuel Pérez Hernández, arquitecto en Planho. Arquitecto por la ETSA de Sevilla, Arquitecto Técnico por la EUAT de Granada e Ingeniero de la Edificación por la Universidad Europea de Madrid. Máster Universitario en Arquitectura, Organización y Gestión en Infraestructuras Hospitalarias por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Project Manager por el instituto americano PMI. Forma parte de Planho desde sus inicios y es socio desde 2003. Responsable del Departamento de Concursos y Proyectos.
Maria Lumbreras Arcos, arquitectura en Planho. Arquitecta por la ETSA de Sevilla y Máster en Diseño Ambiental Sostenible por la Architectural Association School of Architecture de Londres, ciudad donde estuvo trabajando más de 10 años. En 2021, se incorporó a PLANHO como líder de proyectos y responsable de sostenibilidad, dirigiendo la división de arquitectura sostenible y apoyando iniciativas estratégicas de BIM. Cuenta con la certificación de Evaluador GBCE VERDE y BREEAM.
Fuentes y lecturas recomendadas:
- Pérez Hernández, M. (2015, Octubre). Sostenibilidad y eficiencia en el diseño de centros hospitalarios. [Ponencia]. Congreso de Ingeniería Hospitalaria, Granada, España.
- Edificios de consumo de energía casi nulo (2017). Anuario AEIH 2016
- Guía de Energías Renovables para Hospitales Europeos. Res Hospitals 2014
- Sustainable healing environments: guidelines for designing therapeutic gardens for integrated hospital care. Emerald Insight, 2025




