Por su especialización y complejidad, la arquitectura hospitalaria no puede existir si no va acompañada desde el origen de un proyecto de ingeniería holístico e integral capaz de dotar al edificio del abastecimiento y el confort que necesita. Las instalaciones en un hospital son consustanciales con su estructura arquitectónica y funcional y requieren por sí mismas de espacios importantes en torno a un 20% de la superficie total, es por ellos que para Planho, el enfoque siempre sea integrarlas de forma que su articulación sea protagonista en la conceptualización misma del proyecto y no en detrimento de la solución final.
Gracias al conocimiento de las distintas instalaciones e infraestructuras en el hospital podemos definir los criterios y establecer los sistemas más adecuados en cada caso valorando su eficiencia, evolución y mantenimiento, siempre desde la perspectiva transversal de la sostenibilidad y el respeto al medioambiente. La arquitectura hospitalaria debe ser sinérgica y generosa con la ingeniería ya que la correcta disposición, accesibilidad, ventilación y situación de las salas de instalaciones y de sus estructuras secundarias, son aspectos fundamentales para la eficacia de los sistemas y, en consecuencia, con la calidad de todos los usuarios del hospital.
No podemos entender las instalaciones como un conjunto de sistemas que resuelven los criterios técnicos y de confort de cada una de las partes del hospital, sino como una parte más del edificio, sin la que este no puede concebirse, que participa de las soluciones constructivas, que madura con el acto proyectual, que están pensadas para convivir con el edificio y con su entorno por un largo periodo de tiempo, que también están pensadas para transformarse y renovarse. Hablar de ingeniería hospitalaria no es solo hablar de instalaciones, es hablar de organización, disciplina, racionalidad y mantenimiento.